El día 21 de marzo, a eso de las 9 y algo de la noche, a través de cadena nacional de Radio y Televisión, Nayib Bukele, presidente de la república, anunciaba cuarentena domiciliar obligatoria con excepciones, ¨Todo aquel que su trabajo no sea imprescindible o que no tenga que ver con la distribución y/o comercialización de alimentos no debe de salir de su casa¨.

Al día siguiente San Miguel parecía un pueblo desierto, a través del sistema de videovigilancia, la municipalidad compartió fotografías, en las que se apreciaban  calles desoladas, sin ningún alma o vehículo, negocios cerrados por doquier, dos que tres buses circulando con menos de la mitad de su capacidad, situación que genero diversas reacciones, entre ellas la del alcalde, Miguel Pereira, quien expresaba un día después de decretado el confinamiento domiciliar ¨me duele ver mi ciudad así¨ y no era para menos, la perla de oriente, caracterizada por su gente laboriosa, se había paralizada como el resto del país.

Se llego el lunes, tercer día de la cuarentena domiciliar, previamente el edil migueleño anuncio el cierre del mercado, agregando que únicamente los puestos de carne y alimentos estarían abiertos, aunque con horarios especiales, tras conocer esta disposición, quise conocer de cerca la situación de los comerciantes y como auguraban su futuro tras la emergencia por el COVID-19; para ello, me adentré al mercado municipal de San Miguel, las escenas que observe, únicamente las había apreciado en horas de la noche o madrugada, ya que por cada cuadra te encontrabas a cinco personas a lo mucho vendiendo, lo mas triste para los mismo comerciantes es que habían más negocios abiertos que gente llegando a comprar.

 

Entre oscuranas, por los nylon que cubren el negocio de la luz del sol, estaba doña Lourdes una vendedora de verduras quien con la voz entrecortada me confeso que ¨Ni en la época de la guerra civil había visto tan solo el mercado¨. Le compré dos dólares de papas y uno de zanahoria, mientras me preparaba mi pedido, continuó exclamando ¨en realidad las medidas nos afectan a todos las que estamos acá, a veces entre nosotros mismos (los vendedores) nos compramos las cosas. Mire, yo a ella (señala a otra señora) le compro tortillas porque solo ha vendido dos dólares en toda la tarde, en el mediodía vendimos un poquito más¨. Y es que las personas de estos sectores, las mayores (30 años o más) que se dedican al comercio informal y que por cosas de la vida han dejado la tecnología a un lado, se dieron cuenta muy tarde del aislamiento; ¨alistando estaba la venta cuando mi hija me llamó que disque el presidente había puesto toque de queda. Yo ayer (domingo) por eso no vine a vender, ya ahora que el alcalde dio aviso que las que vendemos cositas así de comer si podemos venir, desde mediodía abajo, fue que decidí venirme¨, comentaba la señora que comercializa tortillas; Le compré un dólar y mientras conversamos un poquito, le pregunté que como ve la cuarentena domiciliar ¨pues mire es que eso yo lo veo bien, la gente no hace caso si no le echan la policía que les dé ¨riata¨, pero nos jode un poquito a nosotros va, pero ahí vamos a salir, más que dicen que el presidente nos va a dar unas fichitas¨. Refiriéndose a uno de los puntos a los que también se refirió el presidente en la cadena nacional, en la que menciono que este beneficio seria para el sector informal ¨a todos aquellos hogares que consumen menos de 250Kw les vamos a dar $300… sin pagos que hacer, este dinero lo pueden usar para comprar comida¨.

 

Al despedirme de las vendedoras y continuar mi camino, mi asombro al ver el mercado desolado era cada vez mayor y es que en la vida había apreciado a las tres de la tarde el mercado tan solo, me era inevitable no sentir tanta nostalgia.

A mi mente solo se venían las imágenes mentales de las vendedoras preguntándome ¨Que busca, amor, venga¨; ¨ ¿Qué le damos, corazón? ¨, no sé si fue porque mi mente estaba abrumada y centrando su atención en lo que veía a su alrededor pero el olor a pescado en el sector de los mariscos ya no estaba, no logre percibirlo; la soledad era tal que ni los vendedores de agua y DVD´s estaban, se habían ido, no había casi nadie en las calles. Todo esto solo me hace preguntarme: ¿qué será de ellos?; ¿de qué manera estarán subsistiendo?; ¿estarán acatando la medida de quedarse en casa? O ¿estarán buscando otros mecanismos de subsistencia?, la verdad, difícil de saberlo.

Recordando las palabras de doña Lourdes, la vendedora de verduras del mercado, sobre el comentario de los tiempos de la guerra, me hace reflexionar que justamente después de este suceso, no se habían decretado restricciones de movilidad tan serias y estrictas.  El miedo al COVID-19 en San Miguel, e imagino que todo el Salvador, es incalculable. La ciudad ha tomado una pausa en todos sus rubros, y me llena nuevamente de nostalgia al pensar que esto apenas comienza. Cuatro días se cumplen a penas y muchos pasillos de los supermercados se pueden visualizar desabastecidos; se me viene a la mente las palabras de un colega ¨no encuentro huevos por ningún lado¨ al principio parecía una broma, pero momentos más tarde hizo nuevamente el comentario, agregando en esta ocasión: ¨ya fui a los supers, al mercado, tiendas y nada¨. La histeria es seria y el pánico entre la población está muy marcado, pero ¨Es necesario esto¨, expresaba el mandatario, recalcando que si no tomamos están acciones ahora, la situación a futuro puede ser peor.

El paso del COVID-19 en El Salvador no ha sido tan marcado, podríamos decir que las medidas gubernamentales han funcionado, todavía no nos toca o es que tenemos suerte, en realidad no lo sé, pero lo que sí sé es que El Salvador terminará en un quebranto económico pasada la pandemia. Si el señor que tiene su tienda a dos cuadras de mi casa estaba asustado por sus ventas, no quiero imaginar a niña Lourdes y a sus amigas que subsisten de lo que día a día venden. Esperemos que la logística de ayuda de los 300 ¨dolaritos¨, a ellas y muchas personas más que no se pueden dar el lujo de quedarse ya que gracias a ellas muchos podemos tener “tortillitas” calientes en nuestras casas, pueda ser un respiro.